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Ingresando al mundo de la Literatura

“La poesía no quiere adeptos, quiere amantes"

Entrevista a Blanca Magallanes, escritora local


Por Yesica Gallegos en colaboración con Ana Copto - mayo 6, 2018

Portada del libro "Las lágrimas del cisne"

Con una de las frases que enunció Federico García Lorca mientras aún vivía, iniciamos un viaje hacia las memorias de una poetisa local. Blanca Adolfina Magallanes, escritora y poeta, con sus 87 años nos relata sus comienzos en la escritura, sus influencias y parte de su historia personal.
En un ambiente ameno, la casa de Blanca abre sus puertas a estas forasteras en busca de sus palabras. Comenzamos viendo una carpeta donde organiza su trayectoria como poeta, los certificados, diplomas y folletos donde ha participado. Entre menciones y reconocimientos, notamos su amplio trayecto en el terreno de la poesía y, más allá de eso, en su predilección por un género literario a lo largo de toda su vida. Surgen preguntas que luego encontrarán respuesta.
Nos adentramos en el relato de la poetisa. La grabación comienza a correr y el reloj del pasado nos traslada hacia otros tiempos. Blanca tuvo la oportunidad de presentar algunos de sus trabajos en el año 1990 en el Certamen Internacional del Cono Sur sobre poemas ilustrados. Posteriormente, por medio de la Asociación de Escritores de Santa Cruz, presentó la obra “Poemas del dolor” con la cual obtuvo la tercera mención. Es interesante ser testigo de las mutaciones que sufre el escritor, en sus inicios Blanca utilizaba como seudónimo  el nombre Fénix, cabría preguntarse el por qué solía llamarse así, pero el misterio que ocasionan estas preguntas olvidadas en la inmediatez de la conversación, nos animan a pensar en posibles razones, donde se invita a la imaginación a darles solución.

Extracto del poema El Ave Fénix del libro "Las lágrimas del cisne"

Presentó su primer libro en la 26ta Feria Internacional del Libro en Buenos Aires, hecho que la motivo a continuar escribiendo y, por supuesto, a querer mejorar. El oficio del escritor se construye diariamente: comenzando con pequeños trozos de papel, garabatos de frases aleatorias y pensamientos del sentir, latidos de un segundo que se traspasan a las hojas de un cuaderno perdido o de una mente joven perteneciente a una época de flores y mariposas.
Escondido entre su historia, emerge como una aparición en sueños, la figura de Federico García Lorca. Blanca expresa su gran admiración hacia él e incluso lo nombra como su “amor imposible”.

Blanca Magallanes: Para mí, el mejor poeta. No puedo decir lo mismo de otros, todos han sido muy buenos, hay excelentísimos poetas, pero a mí, en esa época, me gustaba Federico García Lorca. Te estoy hablando de esa época y esa etapa, porque también quiero ser justa, tenemos tantos poetas y si soy justa me voy a permitir volver a mi niñez. Vamos a retroceder un poco, a la adolescencia mejor dicho. Yo en esa etapa leía todo, todo lo que era poesía; por supuesto me entusiasmaban mucho las  escritoras, Alfonsina Storni, Gabriela Mistral, Juana de Ibarbourou, ellas son excelentes, pero también estaban los mejores poetas. Allí comencé a salir y a entrar un poco en el mundo del chileno, Pablo Neruda. ¡Qué poesía más hermosa!

Pablo Neruda dio pie a charlar sobre el alcance de la obra de un autor. El rompimiento de lo moderno hacia las puertas de lo contemporáneo, ¿quién no se ha cruzado en su camino con la famosa estrofa “Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca”? ¿Quién no ha querido cargar en cartas tantos sentimientos que describen con sutil encanto la dulce poesía del amor y su agonía? Neruda conecta a Blanca con su hija Amelia, ambas adeptas a la poesía pero usuarias de diferentes lenguajes artísticos; bien sabemos que de la imagen a la palabra hay un solo paso y de la palabra a la imagen quizás mucho menos.
Luego de algunas anécdotas que nos recuerdan el talento de su hija, formulo una pregunta:
¿Por qué la predilección por la poesía? ¿Ha incursionado en otros géneros?

BM: Sí. He hecho cuentos cortos. La poesía nace, en cualquier momento me dan ganas de escribir una poesía. Lo que estoy escribiendo actualmente no tiene nada que ver con esto (señala el libro “Las lágrimas del cisne”). Es una poesía más seria, a veces un poco despiadada, porque incluso llego a enfrentar a Dios, y al hombre como siempre. La poesía mía actual es poca pero totalmente diferente, y es poca porque está creciendo.

A medida que la conversación se extiende, van formándose nodos donde la información se focaliza. Muchas veces volvemos a las menciones y a esos encuentros con otros escritores que han hecho a la poetisa que es ahora. Escuchamos nombres de quienes ya no están, de sitios que ya han desaparecido, de las vueltas que tiene el tiempo.
Los poetas son recitadores de sus versos, Blanca no es la excepción. A diferencia del cuento o la historia de ficción, la poesía tiene esa musicalidad que cambia la voz de su narrador y creador. Palabras cargadas de melancolía e intenciones, el poeta llena el espacio de sonidos sin sonido.
Conocemos sus libros, “El dolor que no se esconde” y “Antes que se apaguen las luces”. Resulta significativo para mí, la elección de Blanca de la poesía por sobre otros géneros; parece que en un tiempo somos “sujetos de poesía” y luego esa fase escapa a nosotros. Para quienes la mantienen, como Blanca, van juntando notas, papeles y diarios repletos de poesías, llenos de pensamientos y sentires. El libro “Antes que se apaguen las luces” le llevo cuarenta años realizarlo hasta lograr publicarlo.

BM: “Las lágrimas del cisne” es mi último libro y el que estoy trabajando ahora se llama, acuérdense, “El lirio azul”. Me representa mucho la figura del lirio, tanto es así que siempre me da la impresión que el lirio es el último mensaje que voy a tener. “El sólo del azul del lirio, mi único cirio”, ¿te das cuenta? Por eso le puse “El lirio azul”, es decir, un cirio azul.

Ya que nos contaron acerca de lo significativa que es la imagen del cisne para usted, nos gustaría saber qué le evoca.

BM: El cisne me evoca un poco del modernismo en la literatura porque para algunos era una figura perfecta la que representaba el cisne. Como yo no pretendo eso, al libro le puse “Las lágrimas del cisne” porque en realidad el cisne tiene poesía, algunas bastante tristes. Atine a rescatar  esa parte del cisne.

Blanca tiene una relación muy estrecha con el mundo de las imágenes. Sus libros han sido ilustrados por artistas locales: sus hijas, Manuela y Amelia, y Diego Mazante. Llama mi atención escuchar que la imagen perfecta, el dibujo y la pintura sin imperfecciones, le hacen sentir  cierta frialdad, como un susto extraño que la deja inmóvil ante dichas representaciones. Su hogar, con cuadros de sus hijas y nieta, dan cuenta de su admiración al arte.

Obra de Amelia Gatica incluida en el libro "Las lágrimas del cisne"

BM: Ponemos mucho amor y mucha capacidad para razonar. Porque no solamente es el sentimiento sino también cómo lo expresas, y para expresar el sentimiento, necesitas madurarlo, es decir, rumiarlo, así como la vaca que rumia. Una comparación grotesca, pero explícita, es decir, el poeta nunca está conforme. A veces algún poeta llego a romper sus cosas, pero se justifica siempre y cuando lo haya reemplazado; no para toque final porque si quiso dar un final rompiendo sus trabajos es porque está muy decepcionado de su persona y de su capacidad para idealizar.

Docencia
Volvemos atrás en el tiempo y rememoramos sus años como docente en la provincia de Córdoba. Allí fundó un pequeño Jardín usando sus ahorros para tal fin; con ello compró muebles, sillas, materiales. El Jardín se llamó “Toyland” porque lo primero que consiguió para el lugar fueron juguetes. Por medio de la publicidad que se realizó sobre el Jardín, prontamente la matrícula se cubrió por completo.

BM: En Buenos Aires había estudiado periodismo en la Universidad de Periodismo que en ese entonces recién empezaba, en el año 1960 más o menos. Yo tuve profesores excelentes y de ahí aprendí muchas cosas. Son sedimentos que te va dejando la cultura. Fue ahí cuando se despertó en mí la cuestión periodística; yo veía que en Córdoba no había nada y los Jardines de Infantes estaban muy atrasados. Había hecho unos cursos en el Instituto Superior de Investigaciones Psicológicas, sobre todo relacionado al Jardín de Infantes, conflictos del niño, sus necesidades. Decía yo: no soy maestra jardinera, pero me tocó dar clases en un Jardín, pero sí soy docente, entonces voy a fundar un Jardín con la Escuela Nueva, porque lo que encontré en Córdoba eran Jardines de Infantes que estaban estropeando el proceso creador del niño. El niño según Viktor Lowenfeld tiene un proceso creador que empieza con su primer monigote al que va agregando detalles: brazos y piernas. Le va dando vida y lo va enriqueciendo, el chico madura cuando tiene cuatro años y logra hacer la línea de base, es decir, donde se apoya el monigote; ahí da un paso intelectual muy importante. Hoy, supongo que a los tres o tres años y medio, ya te hacen el monigote.
Entonces, viendo ese estado de pobreza en los Jardines de Infantes, dije: “Yo voy a poner un Jardín de Infantes” y lo puse.  Era lo único que podía hacer teniendo la casa que tenía: arriba estaban las nenas, mis hijas, que ya eran más grandes, tendrían cinco o seis años y siete años las otras. Tenía una chica que los cuidaba y mi marido, cuando estaba, también veía a las nenas, y yo estaba abajo dando clases. Eso atrajo la atención de mucha gente, veían las nuevas técnicas que yo enseñaba, que no eran cosa de otro mundo, sólo que ahí no se practicaban. Me empezaron a llamar de los colegios para que yo les explique cómo presentar los trabajos para una exposición de dibujo  y pintura que hacían todos los colegios privados de Córdoba.  Me hicieron un reportaje en el diario de cuatro páginas, donde explicaba todo el trabajo que hacía con los chicos. Después los padres me empezaron a pedir la escuela, se empezaron a asociar. Esto es algo que se podría charlar en otra oportunidad porque es muy largo (risas).

Vemos un viejo libro con fotografías de lo que fue Toyland. Niños creando, dibujando, actuando, hombres  y mujeres enseñantes de guardapolvo blanco. Como en un diario de vida, las imágenes se presentan a nosotras como una proyección de la historia de Toyland, instantáneas del proceso enseñanza-aprendizaje.
Fotografía del diario de la historia de Toyland

Historia Familiar
En su familia, ¿ha tenido influencias como escritora? ¿Alguien ha sido escritor también?

BM: Mejor dicho, yo he recibido influencias. Mi padre era profesor de ciencias y letras, fue maestro primero. Ejerció la docencia en San Luis, te voy a decir que mi padre es nacido en el año 1878, si viviera tendría cien y “pico” de años. Él fundó escuelas, un montón de escuelas en la Sierra a lomo de burro. Era impenetrable la Sierra de San Luis, había lugares donde vivía la gente del campo y los chicos no tenían ningún tipo de enseñanza. Nadie quería ir a dar clases, ni siquiera los visitadores de escuelas. A él le toco un cargo de visitador general de escuelas y descubrió la pobreza, que los chicos no tenían escuela y los que la tenían les quedaba muy lejos y con peligros, porque vivir en la Sierra es bravo. Entonces, él empezó a fundar escuelas;  me llamaban la atención los nombres que les colocaba a las escuelas: “Ojito de agua” porque ahí cerca había un ojito de agua según me contaba cuando era chiquita. Otro es “El burrito”, yo no me acuerdo los nombres pero eran cositas así; no era San Martín o Belgrano, nada de eso. Él se influenciaba por lo que llegaba, lo que la naturaleza les brindaba a esos chicos, él los ensalzaba. Una vez me supo decir que era muy lindo poner a una escuela San Martín o Belgrano, pero para ello tenía que ser una escuela organizada, lo que a él le tocaba era tal situación que tenía que hacerse de esa manera.
Escribía, era poeta (se para de su asiento y se dirige a buscar un libro de su padre). Yo nunca me separo de las cosas de mi padre. Este era mi padre (indica una fotografía que el libro contiene), Antolín Magallanes. Fue muy perseguido políticamente. Estuvo preso porque él tenía un diario radical que se llamaba “La Voz Radical” y ahí escribía todas las injusticias. Una anécdota: dice que unos jóvenes del regimiento, tenientes, que había en San Luis, fueron a pedirle a él, como tenía el diario, que escribiese algo sobre lo que estaba pasando. Lo que pasaba es que él que dirigía el regimiento, un tal Fernández, se quedaba con los ingresos de los soldados rasos. Entonces, había tuberculosis, por lo mal que comían y porque no tenían medicaciones. Contaba que las esposas de estos militares se hacían traer perfumes de Francia, muebles de otro país, tenían unas casas fabulosas y el regimiento de soldados estaba pasando hambre y necesidad. ¡Mi papá coloco todo eso en su diario! Entonces, a este tal Fernández lo sacaron, pero antes de irse, lo persiguió a mi papá, desde mi casa hasta donde él tenía la burra de carga. Lo persiguió una cuadra y media arriba del caballo con el sable en la mano, lo quería marcar, marcarlo en la cara. Esa era la venganza que quería hacer él, hasta que mi papá logró quitarle el sable y quebrárselo.
Cuando era niña, veía las manos de mi papá y tenía unas costuras cicatrizadas, y yo le decía: “Papá ¿qué pasó ahí? ¿Qué hizo?”. Yo creía que se había cortado con algún tronco o árbol, y él decía: “No. Nada, nada”. Nunca me dijo nada.  Cuando me fui a Córdoba a estudiar abogacía, fui a la casa de mi tío que se llamaba Hipólito y él me supo contar. Me dijo: “Tu padre hizo tales cosas”. Él nunca nos decía a nosotros lo que hacía. “Tu padre fue director de la Escuela Normal de varones, director de la Escuela Normal de niñas, catedrático de literatura”. Los cargos que tenía y la persecución que le hizo el milico, el por qué de las cicatrices, lo descubrí cuando tenía 18 años, todo lo que le había pasado a mi papá y que no había querido contar.
Siempre que me siento a pensar digo, qué vida que he tenido, salpicada de todo y en todo he actuado. Eso es lo bueno, hay que actuar, hay que hacer.

Establecemos contacto con el abismo que separa a Blanca de las redes, del mundo que Internet crea y nos golpea esta brecha generacional. Hablamos de la actualidad, del estado de la cultura en la ciudad y de los años: ese desfasaje entre la edad del espíritu y del cuerpo en tierra; la diferencia entre vivir y soportar. Pensamos en la muerte y la cultura que lleva aprender a morirse; Blanca, la poeta, se entrega a la muerte y con aquella imagen se abre paso a la anti poesía, a ese descolorido sentimiento de desconocimiento entre lo que no se sabe que vendrá. Los hechos inconscientes y supuestos que tenemos por sabido son nacer y morir, aquellos dos no saberes con los que lidiamos a lo largo de la vida. Entre poesías recitadas y fragmentos olvidados, aprendemos que los poetas siempre cantan esas melodías, llenas de palabras que sin motivo alguno se cuelan en tu interior.
Nos detenemos en los ejes de la literatura: el nacimiento, la vida y la muerte. Vagamos en las diferentes maneras de interpretar y reinterpretar a las grandes poetisas latinas. Blanca se ve como la higuera de Juana de Ibarbourou porque es “áspera y fea, porque todas sus ramas son grises, yo le tengo piedad a la higuera”. La maravilla de la personificación, de volver delicado el objeto y el ser, de transmitir.

¿Qué significa escribir para usted?

Entre la degustación de una galleta y la mirada clavada en pensamientos que convergen en búsqueda de una respuesta, espero. Ella mira, no a mí, es una mirada ulterior, sus ojos se mueven y un suspiro parece querer colarse en su reflexión. Aguardo a sus palabras, mi pluma espera el gesto de la poetisa. Ella abre sus labios.

BM: Una necesidad.
Blanca Magallanes mostrándonos su historia y sus libros
Entre charlas sobre su nieta y su pasión por escribir, concluimos que la vida de Blanca, los cimientos y lo construido para el futuro, tiene fuertes anclas en el pasado: en un padre literato, en unas hijas artistas, en su vida como poetisa y en su nieta como escritora. Pasarán otros poetas a cantar historias, pero la voz melodiosa de San Luis y Córdoba quedará encallada en los suelos santacruceños. Porque bien dijo alguna vez Federico García Lorca, “la poesía no necesita adeptos, necesita amantes”, y yo agrego: amantes que unan las frases como dos bocas unidas en un beso eterno; amantes que no sólo hablen de amor, también lo hagan; amantes de la vida, de esos que necesita el mundo; amantes a la poesía como Blanca.

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