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Las galaxias artísticas de la Via Láctea

Las estrellas del mundo gráfico

Nueva muestra en Fundacruz

Por Yesica Gallegos - junio 15, 2018

Flyer compartido en redes sociales
Han pasado dos semanas desde la inauguración de la muestra "Constelaciones gráficas" de las artistas Silvana Blasbalg, Susana Ocampo, Lucía Torres, Elsa Dommarco, Malisa Sales, Laura Benchetrit, Beatriz Gratta, María Guerreiro y Silvia Plumari. A través de una gran cantidad de grabados, este arte antiguo y particular vuelve a mostrarnos un camino que tantas veces nos parece desconocido. ¿Será el grabado un lenguaje incomprendido?
Entre un boom de imágenes, donde cada artista expone su línea, su registro personal, notamos el peso de sus conceptos y la búsqueda sobre la técnica. Producto del trabajo en el Centro de Edición Taller Galería en Buenos Aires, las obras nos susurran secretos, los cuales a medida que avanzamos en el recorrido, van siendo develados.
Silvia Plumari nos traslada a un lenguaje oriental. Sus kimonos negros con detalles dorados, transmiten la sutileza, delicadeza y belleza de la estética japonesa. La elegancia del negro con sus contrastantes dorados dan cuenta de la formalidad de la prenda; como una forma de pensamiento inconsciente, la artista y sus kimonos se presentan de "gala" ante el público. Vestidos tradicionales que llevan a pensar en lo femenino y lo masculino, en las líneas de una figura que llevará con gracia la liviana seda, cuentos de hilos y telas que seguirán recordándonos que hay algo más allá del horizonte donde nace el sol.


Otra de las artistas que observamos es Beatriz Gratta, quien, a diferencia de las demás artistas que realizan litograbado, produce a partir de la xilografía. Sus diseños de rasgos precolombinos, donde serpientes escurridizas entran y salen en una danza que se inmiscuye en el interior de la artista. Freud y el inconsciente se unirían a este ritual que nos cuenta más de la artista de lo que podríamos alcanzar a ver en su obra, ¿será que la mente, el cuerpo y la mano creativa del artista se intercomunican creando símbolos que escapan al presente y viajan más allá? El cáncer en la serpiente, como un destino adivinado, Beatriz Gratta nos trae una parte de su historia personal a la materialidad. Sus patrones y formas nos hablan de búsquedas, de laberintos sin minotauros, de idas y vueltas, de pequeñeces; la artista deja al inconsciente (quizás no tan inconsciente) expresarse.


Malisa Sales, por su parte, se mueve a través de la moda. Pero no es la fría moda de pasarela, son manuales que nos muestran cómo, cómo era la vida y quién es ella. Entre vestidos y medidas nos preguntamos a quién viste la artista, qué le recuerda el hilo y la aguja, quién esta ahí detrás de cada prenda y puntada. Las mecánicas instrucciones que recorren su obra, se convierten en indicadores que guían la lectura de las imágenes que se presentan ante nosotros.No es la mujer que porta las prendas o los chalecos que esperan a ser terminados, es el sello de la artista que da sentido y sentimiento a la idea del objeto inacabado. Tal vez la vida es así, siempre un vestido de gala incompleto, que hacemos y rehacemos, sufriendo el dolor de las agujas que pican nuestros dedos laboriosos. Malisa Sales no distingue género cuando explica el tema recurrente que atraviesa su obra, que la supera a ella, que vuelve eterna a sus imágenes, cuestión que la moda no podría igualar.


Así como una vez ya hablamos de la obra de Lucía Torres, hoy la volvemos a ver en las paredes de Casa Fundacruz. Ella tiene un sello distintivo que apresa a nuestros ojos en el circuito de la muestra. Sus obras, que se encuentran siempre en ese vaivén constante de interrogantes que se plantea la artista, combinan historias mudas y palabras que se esconden en los márgenes. La realidad se presenta como una puerta a medio abrir, donde Lucia Torres espía  a aquellos retratos de otras vidas, une raíces y anécdotas de otros y, de ese modo, los vuelve visibles. Cabría preguntarnos quiénes son ellos, esas mujeres que miran directo a los ojos del espectador, esas que no se cansan de esperar un 'algo' a las vías de un tren fantasma. En las obras de la artista y en sus palabras puedo sentir lo que Fernando Pessoa expresa cuando escribe:


No quiero rosas mientras haya rosas.
Las quiero cuando no las pueda haber.
¿Qué haré yo con las cosas
Que puede cualquier mano coger?

Sólo quiero la noche si la aurora
La diluye en azul y rosicler
Lo que mi alma ignora
Es lo que quiero poseer.    

Lucía Torres explora ese rastro desconocido que la lleva hacia rutas trasparentes a los ojos de muchos.
Volvemos a encauzar nuestro recorrido y conocemos la obra de Silvana Blasbalg. Sus obras las conforman animales, letras y símbolos, permite la entrada a un ideario fantástico, donde una libélula quiere huir del cuadro y un pequeño pez parece preso del papel. Sus imágenes nos recuerdan al Manuscrito de Voynich, pensamos en un lenguaje codificado, en rituales que nos movilizan a rincones ocultos del ser. Parecen un relato siniestro, como una belleza oscura, que nos da señales subliminales hacia donde caminar. Da la sensación de que el mundo de aquí y el mundo de allá están a sólo un paso.


Los caballos y los pájaros se cuelan en las obras de Susana Ocampo. El artista pasa por estadios de investigación, en el encuentro de algo movilizante. Así como Picasso tuvo su etapa rosada, la artista ha devenido de una serie de aves y otra de caballos, ¿qué es lo que queda de ella ahora? Llaman la atención sus calecitas infantiles, su música cíclica, su movimiento continuo y mareador; recuerdan a la infancia, al óxido, al sonido chirriante de los metales con su esfuerzo por generar el circuito que alguna vez resulto ser novedoso. Provoca nostalgia ante aquello perdido. El artista es mente y espíritu, pero ¿qué es lo que lo para, solitario, ante una imagen detenida en el tiempo? El tiempo, constructor y destructor, el caballo parece prisión y las aves las testigos de aquella cárcel.


Laura Benchetrit nos trae el color a las paredes. Sus flores, intervenidas con lápices acuarelables, dan cuenta de la hermosura del elemento visual, más que las líneas, los colores arremeten en nuestro campo de visión. ¿Qué hace a una flor ser flor? Es su sutil encanto que la diferencia de la mata, del yuyo, de la mala hierba; el color y el aroma las exaltan como también lo hacen con las obras de la artista. Como si hubiese sido obligada por la mismísima Reina Roja, el famoso personaje de Lewis Carrol, Laura Benchetrit pinta sus rosas de colores, parecen destellos, como si quisiesen expandirse a cada rincón de la obra. Quizás no le corten la cabeza, no hoy, cuando las flores todavía están floreciendo.

  
Por otra parte, Elsa Dommarco expone una variada forma de representar. El color, las líneas y los planos juegan papeles fundamentales en sus creaciones; desde pequeñas tortugas en un mar incierto hasta perfiles de sombras sin dueño, sus temáticas resultan difíciles de descifrar. Como una mente en caos, todo se vuelca en la imagen, como un laboratorio en donde todo funciona y nada queda librado al azar. Sus líneas y planos grises y negros, con fondos en las mismas tonalidades, me hicieron recordar ciertos rostros deformados, rompecabezas de formas inconexas, ¿puede ser que tal vez veamos a "otros" como rostros encubiertos en las imágenes? Ramificaciones de formas extrañas, bosques neuronales quizás, la conciencia tal vez.


Por último, observamos la obra de María Guerreiro. Ella nos lleva a transitar en su ser, no sólo nos encontramos con su nombre sino también con su vida. Los instantes se graban en papel y los restos del pasado se plasman en objetos como huellas de un naufragio. Barquitos de papel se balancean a la deriva en el imaginario del artista, un monedero sin el peso de los centavos espera, inmóvil, la mano de quien fuera su dueño, mapas de tesoros por descubrir y llaves olvidadas. ¿Para qué sirve una llave? ¿Por qué los recuerdos se guardan en cuadros de cristal? La fragilidad de la memoria, escueta, escurridiza, podríamos preguntarnos ¿cuándo se considera que nacemos? Y seríamos respondidos por la presencia burocrática de un papel que da constancia. Quizás son las aves que la artista atraviesa en el firmamento de palabras que nada dicen, las que más nos invitan a trascender el tiempo y los límites.


"Constelaciones gráficas" es un viaje a través de otros universos posibles. El cielo es tan vasto que la idea del espacio compartido es posible. Pero ¿todos vemos el mismo cosmos? Puede ser que el universo sea como escribe Alejandro Dolina: "(...) una inmensa perversidad hecha de ausencia." Vemos a estas estrellas dispersas de galaxias similares y aún así distintas, unidas en una constelación de deseos. La creación de un lenguaje antiguo, rico e incomprendido, un arte extraño que interpela y cubre de dudas al espectador. Piedras que caen desde el firmamento y maderas heridas por líneas y planos como estigmas en la piel. 

Comentarios

  1. Lo cierto es, que cada uno de nosotros transporta un bagaje ( llamese vida) que es un viaje lleno de horizontes, con secretos, algunos oscuros otros luminosos!! Yesica , gracias, muchas gracias por tus palabras,nada extrañas a la obra ,que una vez despegada (no puedo llamarla concluida) se ha llevado parte de mi. Espero alguna vez poder reencontrarnos. Gracias nuevamente.

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  2. Muchas gracias por el comentario! La verdad es muy grato que las palabras broten sin esfuerzo en el momento de ver una obra; me ha encantado la muestra puesto que no sólo recupera al grabado como gran medio de expresión, sino también me permite divagar en pensamientos que, siempre espero, puedan llegar al artista. Espero con ansías volver a verla en sus obras en algún momento. Abrazos!

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