domingo, 19 de marzo de 2017

El Viento: Figura y Causa

Nueve Fisionomías del Viento: Cuando el viento genera formas y nos forma.

Sala Futura, el resurgimiento de un 'nuevo' espacio cultural


Por Yesica Gallegos - marzo 20, 2017

Flyer colgado en las redes sociales
La recuperación de los espacios culturales siempre se vuelven encuentros destinados, como promesas incumplidas por la caprichosidad de los eventos impredecibles. Sala Futura, este espacio cultural que abre sus puertas a la comunidad, nos invita a crear, recrear e inventar un nuevo nido para los artistas, una nueva pantalla para verlos y vernos en ellos.
La primer muestra que inaugura el Espacio Cultural Futura es "Nueve Fisionomías del Viento". La palabra viento se mueve ágil para salir de nuestra boca, evoca un sentimiento de pertenencia, el viento que nos impide caminar, el que nos empuja y desarma los cabellos, el odiado y amado, el nuestro. Es su homenaje, es la forma que cada artista ve en él.
Las obras tienen diferentes carices, el Arte Contemporáneo se luce en diferentes formatos y lo más clásico se inmiscuye como un invitado extraño entre lo nuevo y diferente.
Son los lienzos, las pinturas de oleos y acrílicos que desentonan con las obras contemporáneas que rodean la sala. Esos cuadros, pertenecientes a las artistas Marcela Botella y Liliana Solari, tienen tratamientos diferentes: en "Paisaje al Sur" es posible percibir el movimiento del viento, con mezclas de colores azules, celestes, ocres y blancos nos entregan una impronta suave y evidente, un mensaje claro en la forma de un espejo de agua que se mece en una dirección; mientras que en "Vanina y el viento" el oleo define la clasicidad del cuadro, lo separa de los trabajos que lo rodean, lo vuelve extraño ese trabajo preciso y atento a los detalles, imagen cercana a la realidad, estructurada, planeada, como una fotografía de la antigüedad, una niña que mira el ojo del artista.

Marcela Botella, "Vanina y el viento" (2011)
Liliana Solari, "Paisaje al Sur" (1999)









Si hablamos de otros formatos debemos remitirnos a las obras de Julieta Barrientos y el colectivo Viva Laura Pérez. El vídeo arte combinado con la instalación es algo recurrente en la obra de la joven artista Julieta Barrientos. Observamos la grabación de escenas proyectadas, imágenes recurrentes en nuestra ciudad, una ventana desde donde se ve el exterior, una cortina que se interpone, constante ante el lente de la cámara, unos árboles los cuales sostienen con fuerza las hojas que se mecen con insistencia, es una escena nostálgica construida con la participación del público, quien se encarga de activar un sistema que libera un humo que parece neblina, que se mezcla con lo que vemos.

Julieta Barrientos, "Cambios" (2015)
Por otro lado, el colectivo Viva Laura Pérez, donde participa la artista Constanza Gonzalez,  nos presenta un vídeo arte. La historia documentada en la cinta nos muestra a Constanza Gonzalez caminando en las calles de una ciudad, ella prueba en que dirección se mueve el viento, siguiendo esa guía natural dirige sus pasos, segura, como quién sabe hacia donde va o quizás como quien tiene la seguridad de andar por el camino sin esperar nada, solo seguir y no parar. Moverse como lo hace el viento, disperso y esquivo.

Colectivo Viva Laura Pérez, "Hacía donde me lleva el viento" (2007)
La singularidad de los soportes podemos observarlos con mayor nitidez en la obra de Bettina Muruzabal. El grabado tiene la cualidad de poder utilizar soportes variados, en este caso vemos una obra realizada completamente en chocolate. El chocolate deviene en nosotros el deseo de comerlo, pero el acto de la contemplación limita nuestros impulsos. Barras de chocolate grabadas siguiendo la temática presentada en la muestra, el viento que caracteriza nuestras tierras y al que muchas veces no nos acostumbramos. Los arboles meciéndose en lo que parece una escena campestre; los chocolates me recuerdan a la Patagonia, a los productores chocolateros como Bariloche, a los típicos regalos de viaje.

Bettina Muruzabal, "El viento grabado" (2017)
Desde el plano de lo fotográfico tenemos la obra de Nadia Leiva. Fotografías digitales en una secuencia que nos cuenta una historia con inicio, desarrollo y desenlace; la artista se muestra así misma cargando una maleta en un escenario común en nuestras tierras, la estepa indómita, sacudida por el fuerte viento que mueve los pastos y el cabello, que nos hace entrecerrar los ojos, que nos genera familiaridad y cercanía. Esa maleta que es abandonada en ese espacio aislado, para luego desaparecer junto a la artista, dejando un único mensaje: una vida nueva, esa que llevamos aquí, empujados por el viento, adecuándonos a él, volviéndonos uno con lo que nos rodea, aunque seamos de acá o de allá.
Nadia Leiva, "Horizonte de expectativa" (2015)
Silvana Torres Opazo, "El viento anda doliendo" (2017)
Otra obra que implementa la fotografía es el trabajo de Silvana Torres Opazo. Entre la fotografía y el collage, la artista genera una obra marcada por la impronta de la protesta. Perteneciente al Patio Om, es una promotora contra las represas que se quieren construir en nuestra Provincia y en base a ello articula la producción que presenta en esta muestra. Vemos la imagen de un "atrapa sueños" que juega con el viento, llevando atados a el cabellos; los mismos que veremos en el espejo detrás de la imagen donde, con los mismos restos, se escribe un mensaje: Fuera Represas. Queda expuesto parte de la artista, su cabello, su melena de mujer luchadora por causas y sueños, que baila al son de las brisas y ráfagas, que es movida pero no arrastrada por las decisiones imperiosas de otros. 
Quien también recurre a la fotografía pero en grandes dimensiones, enlazándola con la instalación, es la artista Patricia Viel. Su obra parece unir dos facetas de su rostro de artista, los restos de una cama oxidada y las fotografías de lo que parecen ser senderos formados en la tierra. Marcas y restos, huellas de algo que estuvo allí, que sirvió, que paso, las señales capturadas por un DRON, los ejes de una cama de metal sin dueño que logra completarse con su sombra. Es también otras de las formas del viento y su función: dar cuenta del tiempo, desgastar, pasar, llevar y dejar algo tras de sí.

Patricia Viel, "Erosión" (2017)
Martín Barbería. "Proyecto plaza del viento" (2017)
Y el último trabajo que se encuentra en exposición es la obra de Martín Barbería. La utilización de una técnica mixta le permite crear por medio del dibujo tradicional, con bocetos realizados en lápiz grafito, y a través de medios digitales con la implementación de esquemas en programas de diseño que hacen posible la creación de estructuras o construcciones en 3D. Su obra parecen esquemas de una realidad deseada, donde los parques utilicen el viento, jueguen con el, se generen molinos y sistemas de ejes que movilicen los columpios, los sube y baja, los toboganes. Una plaza cuyo motor sea el viento.

La muestra "Nueve Fisionomías del Viento" cumple con su cometido, dar cuenta de las formas distintas que adquiere el viento para cada artista, para cada quien vive aquí, lo sufre, lo ama, lo odia y, a veces, lo extraña. Es él quien nos forma a nosotros como habitantes del sur, él impulsa a los artistas a crear, él nos amontona en un mismo lugar. Creo que no hay otra parte en el mundo en el que la palabra viento sea tan recurrente como aquí: en paredes, en poemas, en estados del Facebook, en imágenes dispersas. Allí esta, sonando en las chapas e impresionándonos con su fuerza. Nuestro viento de todos los días y todos los años. Su homenaje.




No hay comentarios.:

Publicar un comentario